A primera vista, nada en común parecen tener el movedizo y sociable mexicano Alfonso Reyes (1889-1959) y Macedonio Fernández (1874-1952), hombre meditabundo y parco, serio humorista, alegre pensador de Metafísica y "Belarte", eclipsado padre de la vanguardia argentina. Dos cosas, sin embargo, los unen, siquiera de modo superficial: Una es la pasión por la escritura que imperó en sus vidas, aunque la expresaran de manera diferente. Otra, el afecto y el respeto que ambos suscitaron en quienes los conocieron y trataron personalmente.
Por vocación y por oficio, ambos se movieron en ámbitos disímiles. El mundano y trashumante Reyes representó dignamente a su país, ya como escritor, ya como embajador, en Madrid, París, Buenos Aires y Río de Janeiro. Más tarde, radicado en México y reconocido como una de las plumas más elegantes de Hispanoamérica, continuó su labor en pro del humanismo y las letras. Con singular bonhomía ayudó a muchos refugiados españoles, exiliados de la República, a instalarse en México.
De otro natural y otros intereses, Macedonio (como pronto sería conocido) limitó su radio de acción a algunos barrios de Buenos Aires, pero influyó en la juventud de la vanguardia l iteraria argentina en las décadas del 20 y del 30, desde que Borges comenzara, a partir de 1921, a introducirlo en ella. Su obra es la más singular producida por un argentino en el siglo XX. El Museo de la Novela de la Eterna, de aparición póstuma, pero de subterránea presencia en los ámbitos literarios porteños desde 1926 hasta su publicación en 1967, es el más radical intento de modernidad que se arriesgara en el país. (La edición canónica de Museo es la que realizó Ana Camblong para la colección Archivos, en 1993.)
Objeto de este breve trabajo es recoger y glosar los testimonios de la relación entre Reyes y Macedonio, surgida durante los años en que don Alfonso fuera Embajador de México en Buenos Aires.
La lista es, a decir verdad, exigua. Ningún documento se conserva en la Biblioteca de don Alfonso ("Capilla Alfonsina", México, D.F.), que dirige su nieta, la Dra. Alicia Reyes.
Los documentos aquí reproducidos proceden del archivo póstumo de Macedonio; fueron amablemente cedidos por su hijo, el esforzado y afable (entre tanto fallecido) Adolfo de Obieta, en 1998.
Reyes y Macedonio se conocieron personalmente, quizás, en la cena que el periódico porteño Martín Fierro ofreciera al primero el 7 de septiembre de 1927, a poco de que don Alfonso asumiera por primera vez el cargo de Embajador de México en Argentina (cuando menos, Macedonio estaba invitado a ella, aunque es conocida su afición a no acudir a reuniones en las cuales se esperaba su contribución). Por estas fechas, Borges era aún devoto de Macedonio; imagino, pues, que él debe haberlo presentado a Reyes, por quien Borges llegaría a sentir gran afecto y, sobre todo, respeto intelectual.
Los documentos epistolares conservados son apenas tres:
El primero es una esquela de Reyes a Macedonio, de una página manuscrita (dirigida a "Sr. Dn Macedonio Fernández / Otamendi 622 / Ciudad" –domicilio de sus hijos– en sobre con matasellos del 31-VIII-29. Membrete: "EMBAJADA DE MÉXICO").
Buenos Aires, 30 de agosto de 1929
[Rúbrica:] Alfonso Reyes saluda a su distinguido amigo el Sr. Dn Macedonio Fernández y –con vivo agradecimiento– le acusa recibo de sus originales para los Cuadernos del Plata, de que está tan complacido y honrado.
Según se desprende de su Diario 1911-1930 (Guanajuato, 1969, p. 265), Reyes había remitido el 11 de abril de 1929, el mismo día en que conviniera con Evar Méndez los términos del contrato para la publicación de la serie Cuadernos del Plata, por él apadrinada, una misiva a Borges: "pídole active colección de Macedonio Fernández." La misma fuente consigna unas semanas más tarde, el 5 de mayo (Diario 275): "Escribo a Macedonio Fernández, normalizando invitación para Cuadernos del Plata." Ninguna de esas misivas parece haberse conservado: ignoro el paradero de la remitida a Borges, que no figura en el corpus de 29 documentos al cual he tenido acceso; ni los originales de la carta a Macedonio forman parte del archivo póstumo de éste revisado con Adolfo de Obieta, ni las copias se registran en el de Reyes).
Hacia el 15-VIII-29, Reyes recibió, a través de Evar Méndez (ex-director del periódico Martín Fierro –que diera nombre a toda una generación literaria porteña– y editor de los Cuadernos del Plata), la noticia de que Macedonio, tras varias idas y vueltas, había entregado por fin sus "originales" para la selección de trabajos suyos que debía aparecer en los Cuadernos. Pese al encargo de Reyes y de lo que cuentan las leyendas locales, no fue Borges quien sonsacara a Macedonio los materiales para la antología, sino el mismo don Alfonso. (Aunque se trataba por esas fechas de otro contenido, la publicación de un libro llamado El Recienvenido había sido planeada por Editorial Proa ya desde 1924, según surge de tres anuncios aparecidos en el periódico Martín Fierro, entre enero y julio de 1925).
Sin embargo, y a pesar de la euforia de Méndez y de la esquela de Reyes, es probable que Macedonio volviera a cambiar de idea: los textos que finalmente aparecieron en Papeles de Recienvenido no son "originales": todos ellos habían sido publicados, ya desde 1922, en diversos órganos porteños: Proa (primera y segunda épocas), Martín Fierro, La Gaceta del Sur, Pulso y Carátula.
El material presentado por Macedonio habría dado un libro grueso, según Méndez informa a Reyes en carta inédita del 15 de agosto de 1929, pero el aparecido en diciembre de 1929 contiene apenas 74 páginas, elegidas y ordenadas por Evar Méndez, y luego revisadas por Reyes.
Conjeturo que entre los textos previstos por Macedonio para la imprenta, aparte de algún inédito, habrá figurado "Una novela que comienza", "Brindis a [Leopoldo] Marechal", "Brindis a Norah Lange" y "Evar Méndez" – contribución que éste rechazó, imagino, para no suscitar la impresión de vanidad (mi conjetura acerca de los materiales entregados por Macedonio se basa en sus tratativas con el poeta peruano Alberto Hidalgo, en 1927, para publicar una recopilación de sus escritos [cf. OCMF II 90], así como en la carta arriba mencionada de Méndez a Reyes, en la cual aquel comenta: "Habrá que revisar [los materiales], y podarlos, sobre todo suprimir lo que se refiere a mí, y achicar el libro."). Menos el primero de los nombrados, que apareció 1941 en Chile (cf. OCMF VII), ninguno de los otros textos salió a luz, en vida de Macedonio, en algún libro suyo; conforman ahora la reedición del Recienvenido (considerablemente aumentada por su editor, Adolfo de Obieta; cf. OCMF IV).
El segundo testimonio es una esquela de Reyes a Macedonio, también de una página manuscrita (conservada sin el sobre), con el membrete: "EMBAJADA DE MÉXICO":
Buenos Aires, 19 de octubre de 1929
[Rúbrica:] Alfonso Reyes saluda a su distinguido amigo Dn. Macedonio Fernández y tiene el gusto de convidarlo a almorzar con los primeros colaboradores de los Cuadernos del Plata (incluyendo al impresor y al editor) el próximo lunes 28 de octubre, a la una muy en punto, en el Golf Club Argentino, de Palermo.
Para festejar "la iniciación de los trabajos" de la serie Cuadernos del Plata se celebró el 28 de octubre de 1929 un almuerzo en el Golf Club de Buenos Aires, tras la aparición del volumen de Ricardo E. Molinari (El Pez y la Manzana), por quien Reyes tenía cierta predilección y con quien mantuvo nutrida correspondencia, gran parte de la cual se conserva en la "Capilla Alfonsina".
Los comensales fueron, aparte de Reyes y su esposa Manuela: Francisco A. Colombo (impresor), Evar Méndez (editor), Victoria Ocampo, Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges, María Rosa Oliver, Guillermo de Torre, Norah Borges de Torre, Francisco Luis Bernárdez, Eduardo Mallea, Ricardo Molinari, Alejandro Sirio y Alejandro Xul Solar (Diario 293).
Macedonio no asistió al banquete, a pesar de la invitación arriba reproducida. Su ausencia no debe ser sobrevalorada, en principio, ya que se sustraía a menudo a tales celebraciones. En este caso concreto, empero, la renuencia de Macedonio puede haberse debido a la presencia de Guillermo de Torre, cuñado de Borges desde agosto de 1928, quien había ocasionado un entredicho con una publicación madrileña en junio de ese año, a consecuencia de la cual también se enfadaran Macedonio y Borges entre sí (cf. Carlos García: "Borges y Macedonio: Un incidente de 1928": Cuadernos Hispanoamericanos 585, Madrid, marzo de 1999, 59-66. Versión actualizada, en: http://www.macedonio.net/critical/incidente.htm).
Dicho sea de paso: El grupo arriba listado será, con pocas excepciones, el mismo que conformará poco después, a partir de comienzos de 1931, el núcleo de la prestigiosa revista Sur, fundada y dirigida por Victoria Ocampo, proyecto que ya estaba planeándose por estas fechas. (Un año más tarde, hacia octubre de 1930, el título planeado para la revista era aún América y Cía. Adviértase, sin embargo, que Macedonio apenas colaboró cuatro veces en esa revista, a partir de 1941.)
De Macedonio a Reyes se conserva en el archivo póstumo de aquél
apenas una misiva, que plausiblemente no fue enviada. Por intermedio de Adolfo
de Obieta accedí a la versión manuscrita de lo que parece ser la
segunda y última página (ignoro el paradero de la primera). Reproduzco
a continuación el texto impreso en OCMF y luego la versión
manuscrita, que aduce numerosas variantes.
Carta según OCMF II 118-119:
Buenos Aires, diciembre 19 de 1937
A Alfonso Reyes, el Hombre-Esperanza de la Idea Ibero-América: "vivir unidos y fuera del asesoramiento norteamericano en un construirse sobre el solo acento temperamental común, en un siempre originarse –no seguir ni acatar– aun en el colaborar con la otra racialidad del continente: la saxo-americana (o como debe denominarse), sin dejar de seguirse a sí, en la originalidad de seguirse, que es lo único que colabora con la Humanidad. Pluralizar la tentativa de lo Humano, no escolarizarse, en medio del total Misterio".
En una excepcional valoración de su destino americano personal quédole admirador y afecto (además de ingrato reiteradamente desagradecido y tardío). Suyo muy atentamente
Macedonio Fernández
Todo lo dicho quede para usted –ilustre Alfonso Reyes tan indulgente conmigo– si le parece mejor reservarlo; enteramente como a usted convenga. Me basta haber por fin héchole llegar un indicio de que soy sensible al interés de su gran carrera de artista, y de obrero de la ibero-americana entidad, que a su vez sólo interesa por cuanto colabore a lo Humano, como lo Humano por el Misterio.
Un juicio sobre la más fecunda actuación inter-iberoamericana del Dr. Alfonso Reyes.
Contemplada su unidad y certeza de acción en trabar enlaces entre todos los deslindamientos (suaves y casuales) que asumieron corte nacional en la proliferación nacionalista de una familia y cultura comunes: la ibero-americana, puede creerse que es usted persona providencial, la mas eminente inteligente y reconocida de la gran posibilidad Iberoamericana o por lo menos del desplegarse temperamental de lo ibero-americano con eximición de aconsejamientos de lo no ibero-americano sea angloamericano o europeo. En esta consideración lo sentimos Embajador por inteligencia, calidez y tipicidad, de todos ante todos, aunque sea la buena fortuna de México haberlo destacado. Es usted ostensiblemente el más vocacional y capacitado de los embajadores inter-iberoamericanos de la historia continental. Así lo vemos ausentarse como nuestro Embajador y llegar como el de todos.
Macedonio Fernández
El texto manuscrito es el siguiente:
Un juicio sobre la más [ilegible] fecunda actuación
inter ibero-americana del Dr Alfonso Reyes
Contemplada vuestra unidad y certeza de acción en la trabazón de los enlaces entre todos los deslindamientos coercibles, suaves y casuales, que asumieron corte nacional en la proliferación nacionalista de una familia y cultura comunes: la ibero-americana, puede creerse que sois persona providencial, la más eminente {inteligente} y reconocida de la gran posibilidad Ibero-América o por lo menos del aseguramiento del desplegarse temperamental de lo ibero-americano con eximición de aconsejamientos de lo no ibero-americano sea anglo-americano o europeo.
En esta consideración os sentimos Embajador por inteligencia, calidez y tipificidad, de todos ante todos, aunque sea la buena fortuna de Méjico haberos destacado. Sois ostensiblemente el más vocacional y capacitado de los embajadores inter ibero-americanos de la Historia Continental. Así os vemos ausentaros como nuestro Embajador y llegar como el de todos.
[Rúbrica:] Macedonio Fernández
La parte final del texto de OCMF II 119 se basa, obviamente, en este manuscrito. No queda claro, sin embargo, el grado de ingerencia que pueda haber tenido la editora, Alicia Borinsky. La publicada parece una versión pasada en limpio y algo desentumecida del original (¿hecha por Macedonio, por Adolfo de Obieta o por Borinsky?), preparado, según denota el estilo oratorio, para alguno de los banquetes ofrecidos a Reyes durante su segunda estancia como embajador de México en la Argentina (1936-1937; la primera vez, en 1927-1930).
Si la carta ("no enviada") reproducida en OCMF II 118 pertenece realmente al mismo contexto original (el manuscrito de lo que aquí denomino segunda página no remite a ninguna primera ni a otras), ello sugiere que Macedonio no asistió al festejo en cuestión, y dejó a Reyes la libertad de elegir si el brindis en su honor sería leido o no. Conjeturo que no lo fue.
No encuentro otros testimonios de trato epistolar directo entre Macedonio y Reyes, aunque probablemente los hubiera.
En una misiva de Macedonio a su hijo Adolfo (lamentablemente sin fecha, pero quizás también de 1937) reproducida en OCMF II 217, se encuentra un pasaje que alude a don Alfonso: "Ya escribí a Alfonso Reyes, a Bandeira2 y a Ramón [Gómez de la Serna]". La breve alusión no permite discernir si se trata de la carta arriba reproducida o de otra.
Para concluir, recojo dos testimonios de los corresponsales.
Son pocas las alusiones a Macedonio en la obra de Reyes, quien en general apenas lo menciona de pasada, como aquél a quien reverenciaban los jóvenes porteños. En 1943, Reyes publicará un artículo titulado "El argentino Jorge Luis Borges" (Tiempo, México, 30-VII-43; "Misterio en Argentina": OCAR IX 307-309), que comienza con una alusión a Macedonio:
Orígenes y tradición. El gran viejo argentino Macedonio Fernández, cuya atildada cortesía y cuyas facciones recuerdan un poco a Paul Valéry,3 pertenece a la tradición hispánica de los "raros", que puede trazarse por las extravagancias de Quevedo, Torres Villarroel, Ros de Olano,4 Silverio Lanza y Gómez de la Serna. Sin ser maestro de capilla, ha ejercido cierta influencia en un grupo juvenil argentino, al menos poniéndolo en guardia contra los lugares comunes del pensamiento y de la expresión.
Macedonio, por su parte, aludirá una vez más a Reyes en una carta no enviada a Natalicio González5 (sin fecha, pero de hacia 1951, según permite inferir su contenido; OCMF II 72):
Querido amigo: Yo tuve relaciones epistolares con mejicanos, me parece que con Ezequiel Chávez, que ha traducido a Stuart Mill, con Maples Arce (de Veracruz), que no me contestaron, y con el gentilísimo y gran experto en Arte Alfonso Reyes, que gratamente traté aquí.
El contacto entre Macedonio y el poeta estridentista Manuel Maples Arce (1898-1981), a su vez, debe haber surgido por intermedio del joven Borges, quien mantuvo con él una breve correspondencia hacia 1921-1922, cuyo paradero desconozco. Borges reprodujo un poema del mexicano ("A veces, con la tarde") y comentó su libro Andamios interiores (cf. respectivamente Proa 1, agosto de 1922, p. 4 y Proa 2, diciembre de 1922, pp. 2 y 5; reseña recogida en Inquisiciones, 1925).
No hallo otros testimonios de peso acerca de la relación entre Alfonso Reyes y Macedonio Fernández.
Carlos García
(Hamburg, 1999-2004)
1 La primera versión de este trabajo apareció en Letras de Buenos Aires 44, noviembre de 1999, 33-39; una versión ligeramente distinta apareció en Universidad de México (Revista de la UNAM) 600-601, México, enero-febrero de 2001. La presente, con varios cambios y agregados, es de agosto de 2004. Las siglas OCAR y OCMF remiten respectivamente a los volúmenes de las Obras Completas de Alfonso Reyes y de Macedonio Fernández.
2 Manuel Bandeira (1886-1968), reputado poeta brasileño. Reyes participó en el festejo de su cincuentenario, en el Homenagem a Manuel Bandeira (Rio de Janeiro: Oficinas Tipográficas Jornal do Comercio, 1936), y apoyaría más tarde la traducción de obras suyas al castellano (Alicia Reyes: Genio y figura de Alfonso Reyes. Buenos Aires: Eudeba, 1976, 222). El contexto de la carta de MF no permite mayor elucidación.
3 Borges (Autobiografía. Con N. T. Di Giovanni. Buenos Aires: El Ateneo, 1999, p. 71-72) recordaría que a Macedonio le disgustaba esta comparación.
4 Reyes alude a Antonio Ros de Olano (Caracas, 1808 - Madrid, 1868), amigo y colaborador de Espronceda. Sus Cuentos estrambóticos (1868) causaron revuelo. Es el único de la lista que no encuentro mencionado en la obra o en la correspondencia de Borges.
5 Cf. MF: Poemas. Prólogo: Natalicio González. México: Guarania, 1953 (edición póstuma, pero autorizada en vida por el autor). Se conserva un ejemplar del libro en la "Capilla Alfonsina".