El Real Madrid

El pasado 9 de diciembre, el Real Madrid goleó al Sevilla por cinco goles a cero después de utilizar un 4-4-2 en el que la velocidad de sus bandas, la aparición de espacios y la precisión técnica de algunos futbolistas obró un festín que lanzaba una pregunta: ¿necesita el Real Madrid recuperar una determinada estructura táctica facilitadora para traer de vuelta el mejor rendimiento posible? Ese 4-4-2, que también se vio ante el APOEL veinte días antes (0-6) transmitía la sensación de darle a futbolistas concretos apoyos y referencias que ayudaran a su maltrecho momento de inspiración y confianza. Ayer ante el Deportivo, y por segundo partido consecutivo, Zinedine Zidane dispuso un 4-3-3, con el matiz, nada desdeñable, de que su extremo derecho fue Gareth Bale.
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El 4-3-3 es un sistema que en determinados contextos puede demandar de alguna posición específica una serie de movimientos y acierto, caso del ‘9’ o de los interiores, de un nivel moderadamente alto. Sin embargo, en el contexto merengue, la altura ofensiva, el llegar a los costados con tres hombres en lugar de uno (4-3-1-2) y la posición de partida de los futbolistas, permite a sus laterales y sus delanteros no estar tan exigidos posicional y técnicamente. En la visita del Deportivo de Cristóbal Parralo pudo observarse con transparencia lo que significa que el extremo de este dibujo sea Gareth Bale; y cómo Modric, Carvajal y Marcelo pasan a ejecutar acciones que son posibles desde la estructura. No son los laterales o el ’10’ del anterior sistema los que deban dibujarlas.
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Con dos referencias en bandas, los laterales no suben con la pelota y no esperan arriba para recibirla, sino que pueden generar la superioridad únicamente con su lectura y su acompañamiento. Pueden incorporarse por fuera, romper por dentro, suponer un apoyo por detrás. También Modric puede soltarse y realizar su característico desmarque a espalda de la zaga, con el extremo -Bale- fijando su marca con la pelota en el pie. El galés, técnicamente dotadísimo para la combinación y el toque preciso, profundizó con frecuencia y naturalidad. Esa atracción estabilizó al Real Madrid arriba, permitiendo realizar la acción técnica más depurada de todo su repertorio, el castigador cambio de orientación que todos sus defensas y mediocampistas atesoran, para llevar el balón a zonas vacías -Marcelo-, hundir al rival sobre su portería y presionarle después con muchos futbolistas de cara a la jugada.
No obstante, hasta llegar a estas situaciones, el Madrid comenzó muy precipitado, con muchas ganas pero mucho desorden. El Dépor, en 4-1-4-1, con su tridente Adrián, Lucas y Andone, pudo salir a los lados de Casemiro. Ese fue un problema que seguramente pueda subsanar Zidane con un juego recuperado, una confianza recobrada y la vuelta de Sergio Ramos. Los problemas de Varane para acompañar la presión y mostrar seguridad en la disputa de balones en zonas intermedias para mantener el bloque hizo a su equipo aún más largo. El gol de Adrián, precisamente, retocó el ánimo de los locales, quienes comenzaron a ofrecer un ritmo muy alto de juego sostenido por las referencias en banda ya explicadas de un sistema que, en estos momentos, le está facilitando las cosas al Real Madrid. Si además, juega Gareth Bale, el camino no es equivocado.