El despertar

El Atlético de Madrid se permitió llegar con vida a la última jornada de la Champions. Tenía que ganar para ello y lo hizo bien, respondiendo a la oportunidad que también brindó una Roma sin demasiada personalidad ni fútbol para salir clasificado de Madrid. Lo ocurrido en la primera parte fue muy coherente con lo que necesitaba el Atlético para abrir el marcador. Sus problemas se vieron mitigados en medio de un caos que sus rivales no aprovecharon, entre carencias propias y virtudes rojiblancas, y que dejó todo para una segunda mitad donde el Metropolitano conectó con su equipo y pudo sentir algo de alivio viendo que los colchoneros tienen todavía energía dentro.
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Necesitado de la victoria y con una propuesta muy clara, defender a todo campo y fomentar un partido sin posiciones, Simeone armó un equipo de mucho ímpetu y corazón, también aplicado al contexto táctico; Lucas y Giménez como parea de centrales, defendiendo en soledad y con todos sus compañeros muy arriba, sin guardar ningún espacio, Augusto de mediocentro, mordiendo siempre hacia delante, y Torres de ‘9’, fomentando el juego directo para barrer a continuación con Saúl y Griezmann. Y así se dio la primera mitad, en la que la Roma nunca pudo salir de la presión para juntarse arriba, su principal error, pues cuando salía buscaba a Perotti, que desbordó en cada acción a un Thomas ubicado en el lateral. El Atlético estuvo muy atento al posterior centro del argentino y el peligro se esfumó.

En ataque el Atlético fue muy vertical y precipitado, con muy poco acierto en el pase, muchos de ellos hacia delante y sin referencia en banda derecha. Koke fue el interior derecho y Thomas subía conduciendo sin un compañero que le fijara por fuera para distraer y combinar. Griezmann, algo más activo pero aún muy intermitente, no encontró esa estructura que ordena las bandas, da espacio interior y genera el sistema más reconocible en campo contrario que ha caracterizado al Atlético. Lo cierto es que el desgaste era altísimo y la producción escasa por ambos bandos. Simeone y Di Francesco debían tomar alguna decisión que volteara a su favor ese contexto o generar otro diferente para salir vencedor.
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Fue el técnico italiano el que entendió que su salida de balón estaba siendo muy incomodada y le pasó la pelota, literalmente, a su oponente. Los romanistas replegaron con casi todos sus hombres y eso, lejos de complicar al Atlético, exigiéndole creatividad y paciencia, lo tranquilizó: comenzó a ordenarse en los costados, pasando Carrasco más a la derecha, con Thomas encontrando una referencia para atraer y soltar, con Griezmann más libre y con Correa, que entró por Augusto, dejando 15 minutos soberbios, de arrancada, combinación y fútbol. El
Atlético sostuvo el arrebato emocional que le metió al choque, que se cerró con un gol muy impactante a nivel visual de su estrella. La Roma se sintió aún más dominada que en la primera mitad y nunca pudo ganar los duelos que Giménez y Lucas Hernández batallaron del 0 al 90. Puede que no tenga trascendencia en la clasificación final pero sí que fue una oportunidad para los rojiblancos de comenzar a despertar de verdad.